Ocho medidas para no perder empleos a causa de los robots

Las cartas están sobre mesa y el peligro, a la vuelta de la esquina. La robotización del empleo amenaza con destruir millones de puesto de trabajo, mientras la UE asegura que en 2020 habrá 900.000 vacantes de empleos tecnológicos… que no serán cubiertos por falta de perfiles. Entre tanto, la pregunta que todos nos hacemos es la misma: ¿tiene España un plan para afrontar esta situación?.

Ante esto, hay una noticia buena y otra mala. La mala es que no, no parece que España tenga un plan definido para evitar una (posible) debacle laboral. La buena, que, según los expertos, aún estamos a tiempo de solucionarlo. Así al menos lo creen los reunidos por este periódico en el evento ‘Profesiones del futuro en la era digital’: Bernardo Hernández, experto en innovación y nuevas tecnologías y exdirectivo en empresas como Google o Yahoo; Francisco Ruiz Antón, director de Políticas Públicas y RRII de Google España; Anna Vila, directora de Filiales y Servicios Tecnológicos de Banco Sabadell, y Valentín Bote, director de Randstad Research.

Ahora bien, si España no quiere descolgarse definitivamente de este panorama y aspira a salir de la robotización del empleo con una situación laboral favorable, debe recurrir a ocho medidas.

1) Menos drama y más acción

Para Francisco Ruiz Antón, “hay que ver la foto grande. Aunque veamos estudios muy pesimistas, como el del MIT [cada robot acaba con seis empleos humanos] o el de Oxford [el 47% de los trabajos estaría en peligro], hay estudios más optimistas por parte de la OCDE [los trabajos en peligro bajarían al 12%] o McKinsey [la sustitución será mucho más lenta de lo esperado]”.
De hecho, Bernardo Hernández cree que la historia, en este sentido, siempre nos ha sido favorable: “No es la primera vez que pasa esto ni va a ser la última, nos hemos enfrentado a millones de situaciones parecidas. Y empeñarnos en mantener puestos de trabajo obsoletos no es bueno ni para el trabajador ni para la empresa, que dejará de ser competitiva”.

Mantener empleos obsoletos no es bueno ni para el trabajador ni para la empresa

Para el exdirectivo de Google y Yahoo, la alternativa está clara: “Hay que formarse y adaptarse a este entorno, tomar perspectiva histórica, no dramatizar y entender que esto es un desafío que ya hemos tenido antes y que hemos sabido solucionar”.

Ruiz Antón, de hecho, va mucho más allá: “En estas situaciones, el empleo neto históricamente ha sido positivo. Se destruyen puestos de baja cualificación, pero se crean otros de mejor cualificación y el saldo acaba siendo positivo”.

Robots entregando los platos a los clientes en un restaurante en Harbin (China).(Reuters)

2) Adaptación al entorno

Para Anna Vila, la robotización puede llamar más o menos la atención, pero el proceso digital en ningún caso es algo nuevo: “Estos cambios ya están ocurriendo en todos los sectores: en la banca, por ejemplo, todos usamos el móvil para hacer transferencias y solo nos acercamos a la oficina para hacer gestiones más concretas”.

Por eso, según Valentín Bote, hay que intentar ver la otra cara de la moneda: “La robotización hace que un producto sea más eficiente en su producción y se abarate, con lo que las empresas y los ciudadanos tienen más dinero y se acaba creando más empleo. En todas estas revoluciones hay ganadores y perdedores: algunas profesiones desaparecerán y otras no”.

Los países con más índices de robotización son los que menos paro tienen

En cualquier caso, recomienda no fijar el objetivo solo en aquellos trabajos menos cualificados: “Las profesiones afectadas también pueden ser cualificadas: mientras su actividad sea replicable o fácilmente sustituible por un algoritmo, también estarán en peligro”.

Pero Ruiz Antón va más allá y, en realidad, cree que el mayor peligro que podemos afrontar es precisamente rechazar el proceso de robotización: “Curiosamente, los países con más índices de robotización son los que menos paro tienen”, asegura.

3) Un cambio en la educación… y en la cultura

Lo cierto es que, a día de hoy, las profesiones tecnológicas en España no tienen tan buena fama como puede ocurrir en otros países: “Hay que hacer ‘sexys’ estas profesiones: científico de datos, programador, etc. En Estados Unidos, los niños quieren ser Mark Zuckerberg”, nos asegura Bernardo Hernández, “y en España deberíamos aspirar a eso. Hay una parte aspiracional que tenemos que fomentar”.

Pero no es la única brecha. Según los estudios hechos por Randstad Research, “en 2010 el 30% de los universitarios hacía carreras científico-tecnologicas, pero en 2016 ya habían bajado al 26%”.

En Estados Unidos los niños quieren ser Mark Zuckerberg, tenemos que aspirar a eso

Y a eso Anna Vila añade otro factor importante, el de género: “En las profesiones técnicas, el 70% son hombres y el 30% mujeres. Tenemos que fomentar que más estudiantes, especialmente las mujeres, elijan estas carreras”.

Bernardo Hernández va mucho más allá: “Nadie pone en duda que hay que saber leer y escribir para trabajar, ¿verdad? Pues hay que hacer lo mismo con la computación. En primaria y secundaria hay que hablar de qué es un ordenador, qué es la inteligencia artificial… para que cuando me forme, sepa qué valor añadido puedo darle a una máquina”.

4) Una necesidad vital: la formación continua

Desde que el ámbito laboral empezó a digitalizarse, todos los expertos coinciden en lo mismo: el trabajo para toda la vida ya no existe. Ya no vale el mantra de que estudies cinco años una carrera y el resto de tu vida te dediques a lo que aprendiste. Ahora el reciclaje de conocimientos debe ser continuo.

“El cambio paradigmático al que nos enfrentamos hoy es ese”, asegura Hernández. “Hay que entender de qué es capaz la tecnología para saber qué hacer. Un abogado no va a perder su trabajo en los próximos cinco años, pero no podemos perder el foco”.

En cualquier caso, también ve el lado positivo: “Nunca como ahora había sido tan fácil formarse si tienes ganas, incluso con cursos ‘online’ gratuitos. Hay que hacer un esfuerzo que va a requerir tiempo, pero que es posible”.

5) Recualificación de los empleados

Parece evidente que las posibilidades de que un robot te quite el empleo aumentan a medida que disminuye tu formación. Por eso, para Valentín Bote es necesario que “en esas profesiones menos cualificadas haya elementos de cualificación progresiva, ya que los empleados que resistan serán cada vez más digitales”.

De hecho, “ni siquiera será una cuestión de edad. Nos hemos acostumbrado a decir que los jóvenes lo tendrán mejor porque manejan un ‘smartphone’, pero eso no tiene por qué implicar saber de tecnología. Las generaciones jóvenes están llegando al mercado de trabajo con una cualificación inadecuada. Mejor que la de otras generaciones, pero menos adecuada”.

Los jóvenes llegan al mercado laboral con una cualificación inadecuada. Mejor que otras generaciones, pero menos adecuada

En Banco Sabadell han sufrido una transformación de este tipo, como reconoce Anna Vila: “El 42% del equipo de nuestras empresas de tecnología hace dos años no estaba con nosotros, y muchos otros ni siquiera entendían de tecnología, pero han ido adaptando su perfil profesional”.

Y es que “es imposible que alguien que empiece a estudiar pueda pronosticar qué va a necesitar, eso se hará ‘a posteriori’. Pero en España vamos a tener que competir con otros países que, como nosotros, tienen déficit de talento tecnológico en un contexto de alto desempleo, y eso requiere una recualificación profesional”, asegura Bote.

6) La clave de la formación: FP

Hay un tipo de formación laboral que en nuestro país siempre ha gozado de muy mala fama: la Formación Profesional. Sin embargo, parece que en esta nueva etapa puede jugar un papel muy importante.

“Tenemos déficit de esta formación media”, asegura Bote. “Y lo que mucha gente no sabe es que hay ciclos de FP con paro cero: mantenimiento de sistemas, apoyo en industrias, especialistas en electricidad para fábricas, etc”.

Mucha gente no sabe que hay ciclos de Formación Profesional con paro cero
Pese a ser una formación medianamente desechada, asegura, “hay salidas profesionales muy buenas. Este tipo de formación le vendría muy bien a muchísima gente en España”.

7) Conexión entre empresas y universidad

En el panorama laboral español, parece haber un problema recurrente: “Hay una desconexión entre lo que el mercado laboral está demandando y lo que las universidades ofrecen a los estudiantes”, asegura Valentín Bote.

¿La solución? “Necesitamos que se unan, hay que conseguir que la educación introduzca formación tecnológica y habilidades sociales, de modo que, cuando un estudiante empiece a trabajar, tenga los conocimientos que realmente le van a pedir en su empresa”.

Para Ruiz Antón, el directivo de Google España, este es un problema vital en nuestro país: “Hay que tomar medidas: las empresas y las instituciones públicas tienen que hacer algo. Creo que nuestro país no está en el lado adecuado, pero aún hay tiempo para cambiar”.

8) ¿Renta básica?

Es uno de los conceptos más exóticos y polémicos, pero Bernardo Hernández no duda en abrir ese melón: “La desigualdad derivada de esta situación puede ser letal, puede generar movimientos sociales de consecuencias tremendas. La solución viene por reducir esa desigualdad, y yo no veo imposible establecer una renta básica, como se plantea en Silicon Valley”.

Además, “hay que hacer reformas impositivas, los de arriba ganan más dinero que nunca y hay que distribuir ese dinero. Además, yo soy muy liberal ideológicamente, pero hay que dedicar dinero tanto público como privado a la formación tecnológica. Lo que hacen Bill Gates o Warren Buffet es un ejemplo, y algunos millonarios españoles acabarán haciéndolo”.

El 41% de los PGE en España va a las pensiones, pero al I+D va menos del 2%

Sin embargo, “vamos por el camino equivocado. El 41% de los Presupuestos en España va a las pensiones, mientras que al I+D va menos del 2%. Si te paras a pensar en esto, ves que es un problema con unas consecuencias impredecibles”.

Ruiz Antón, por su parte, abre otro melón, el de los posibles impuestos a los robots: “Me parece un error. La robotización aumenta la competitividad y, por tanto, el empleo; ponerles un impuesto no solucionaría nada”.

Y es que, para él, nuestro país aún podría estar ante una oportunidad única: “Si España adopta las medidas oportunas, en 2030 podría crear un impacto neto de tres millones de empleos en nuestro país. No se trata de asustarse ni de tener miedo, sino de adaptarse a los cambios y ser competitivos”.

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