Es nuestro día – es nuestro momento: alzarse por la igualdad

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El 8 de marzo del año pasado millones de mujeres salieron a la calle para protestar contra el aumento de la misoginia, el racismo y la xenofobia, conductas que se caracterizan por la tolerancia de la violencia de género.

A finales de 2017 muchas mujeres de la industria cinematográfica de Estados Unidos empezaron a hablar en las redes sociales sobre sus experiencias de acoso y agresión sexual. #MeToo (#YoTambién) se ha convertido en un fenómeno mundial y mujeres de todas las industrias y sectores –desde trabajadoras del hogar hasta trabajadoras del textil y de la confección, desde periodistas hasta médicos, desde mujeres migrantes hasta mujeres discapacitadas– están narrando sus experiencias personales de violencia de género en el trabajo. Mujeres de todo el mundo están poniendo fin a la discriminación, a la desigualdad y a la violencia en el trabajo y diciendo “ya basta”.

En junio de 2018, la Conferencia Internacional del Trabajo dará un paso muy importante para ilegalizar la violencia de género, debatiendo el proyecto de una norma internacional del trabajo sobre “la violencia y el acoso contra las mujeres y los hombres en el mundo laboral”.

La violencia –y en particular la violencia contra la mujer– sigue siendo una de las problemáticas menos denunciadas pero más destructivas en el mundo laboral. Se cobra vidas y medios de subsistencia. Destruye trabajadores y familias enteras. Perjudica la reputación de empresas y cuesta miles de millones a la economía.
La violencia de género en el mundo laboral mantiene a las mujeres atrapadas en la pobreza, las despoja de su autonomía y de una voz colectiva en el trabajo e impide que se desarrolle el poder de las trabajadoras.

Las estadísticas son aterradoras:

  • Más del 60% de las trabajadoras de la confección en Bangladesh han sufrido intimidación o amenazas de violencia en el trabajo.
  • Más del 90% de las mujeres que trabajan en la cosecha o el procesamiento de té han experimentado o presenciado abusos sexuales o físicos en su lugar de trabajo.
  • El 90% de las mujeres de Uganda han denunciado haber sufrido acoso sexual por parte de sus supervisores varones.
  • El 60% de las trabajadoras del sector de la restauración en los países nórdicos han sido víctimas de acoso sexual.
  • El 90% de las camareras de Estados Unidos han sufrido acoso sexual o violencia en el trabajo.

Además de unos sueldos de miseria y unas condiciones de trabajo peligrosas, la violencia de género es algo habitual en las cadenas de suministro mundiales.

La erradicación de la violencia de género de nuestros lugares de trabajo –y de nuestras organizaciones– es la labor inconclusa del movimiento sindical. No puede haber trabajo decente con violencia en el trabajo. Como sindicatos, tenemos que situar la cuestión de la violencia de género al frente y en el centro de nuestras agendas de organización y negociación colectiva, y junto a nuestras reivindicaciones de igualdad salarial, políticas en el lugar de trabajo favorables a la familia, y no discriminación.

El 8 de marzo de 2018 millones de mujeres de todo el mundo se manifestarán nuevamente a favor de los derechos del trabajo, la igualdad de trato, la igualdad salarial por un trabajo de igual valor, y el derecho a sindicalizarse. Se van a manifestar porque cuando las mujeres tienen que enfrentarse a desigualdades y discriminación y carecen de medios para defenderse de manera colectiva, se está permitiendo la existencia de la violencia de género en el trabajo.

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