Trastornos musculoesqueléticos, enfermedades musculares y de huesos: prevención en sedentarismo

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La Semana Europea de la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA) sobre los Trastornos Musculoesqueléticos se ha centrado en analizar la incidencia del trabajo en enfermedades musculares y de los huesos. Con el lema “Trabajos saludables: relajemos las cargas”, en USO os queremos transmitir cómo puede transformarse un centro de trabajo en lugar de trabajo saludable. Para ello, hay que actuar sobre uno de los pilares, los recursos personales de salud en el lugar de trabajo, a través de la implantación de un programa de Promoción de la Salud en el Trabajo.

Ante todo, debe tenerse en cuenta que un lugar de trabajo, desde el punto de vista de USO, solo puede ser objeto de estos programas si cumple a rajatabla la normativa en materia en prevención. En caso contrario, la primera prioridad será la seguridad y la vigilancia en el cumplimiento de la norma: antes de ser saludable, un centro de trabajo debe ser seguro. Por eso, antes de analizar las medidas específicas que reduzcan la incidencia de los trastornos musculoesqueléticos, vamos a detenernos en promover un lugar de trabajo saludable.

Beneficios de promover la salud en el trabajo

Las políticas de Promoción de la Salud en el Trabajo (PST) reportan beneficios, tanto a las personas trabajadoras como a la empresa, y, en definitiva, a toda la sociedad. Los beneficios se traducen, entre otros, en:

  • Reducción de la accidentabilidad y las enfermedades, especialmente las crónicas.
  • Aumento de la productividad empresarial y, correlativamente, disminución del absentismo y del presentismo. Por cada euro invertido en programas de PST, se genera un ROI, retorno de la inversión, de entre 2,5 a 4,8 euros en absentismo, y 2,3 a 5,9 euros en costes de enfermedad. Son datos del informe “Trabajadores sanos en Empresas Saludables”, de la ENWHP.
  • Mejora del clima laboral, la motivación y la participación.
  • Promueve la identificación con los valores de la empresa. Y, con ello, la retención de talento y la disminución de la rotación. Por lo tanto, genera una mayor estabilidad en el empleo.
  • Mejora la reputación para las personas trabajadoras, para las empresas y para la comunidad donde estas se ubican.
  • Disminuye los costes sociales sanitarios, hasta un 26%, de seguridad social y de seguros, también según informe ENWHP. Y contribuye asimismo a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.
  • Mejora el medio ambiente, la contaminación, la accesibilidad a transportes y polígonos.

Cómo implantar las políticas de promoción de la salud en el trabajo o PST

Antes de promover un PST, es conveniente tener en cuenta algunas consideraciones. No tiene sentido aplicar un programa de PST sin ofrecer, al mismo tiempo, un lugar de trabajo seguro y saludable, ya que requiere una adecuada gestión de los riesgos. Esta vigilancia es de competencia de los Delegados de Prevención porque actúa por encima de los requisitos legales, al basarse en acciones voluntarias por ambas partes.

La PST solo puede tener éxito si la integración, al igual que en Prevención de Riesgos Laborales, está presente en todos los procesos empresariales y a todos los niveles, con el compromiso e implicación de ambas partes. El estilo de vida es particular de la persona: es posible motivar e influir por el propio beneficio que genera, si bien no se las puede obligar a modificar su comportamiento, salvo que resulte nocivo para otras personas.

Como paso previo, debe realizarse un diagnóstico de la percepción del cuidado de la salud en el trabajo, con la participación de los delegados de Prevención, a través de indicadores proporcionados por:

  • La mutua, el estudio de la siniestralidad.
  • El servicio de prevención, la vigilancia de la salud y la evaluación de riesgos, incluidos los psicosociales.
  • El departamento de recursos humanos, el estudio del clima laboral e índice de absentismo.
  • El más importante: cuestionario realizado ad hoc para conocer las percepciones de la plantilla.

Promoción de la actividad física en el trabajo para evitar los trastornos musculoesqueléticos

La actividad física tiene un papel clave en la promoción de una mejor salud, en la prevención de enfermedades crónicas y, como complemento, a veces esencial, en la prevención y tratamiento de ciertos trastornos o enfermedades, tanto físicas como psíquicas.

El lugar de trabajo es un escenario idóneo para poner en marcha intervenciones de promoción de la actividad física entre la población trabajadora. Y es beneficioso no solo para las personas, sino también para la empresa. Los programas de actividad física en la empresa pueden clasificarse en inespecíficos o específicos.

  • Los primeros se centran en promover el cumplimiento de las recomendaciones generales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evitar las consecuencias sobre la salud de la inactividad física.
  • Los específicos, en los factores de riesgo presentes en las condiciones de trabajo que pueden condicionar daños a la salud y, en particular, los trastornos musculoesqueléticos.

La motivación y beneficios de ambos programas, aunque complementarios, son distintos. Por un lado, el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas requieren un abordaje desde el punto de vista de salud pública que promueva hábitos de vida saludables, empoderando a las personas y creando espacios promotores de salud.

Por otro lado, la elevada prevalencia de los trastornos musculoesqueléticos o TME en la población trabajadora debe acometerse desde el punto de vista de salud laboral, evaluando los riesgos en su conjunto y los riesgos ergonómicos, y aplicando las medidas preventivas pertinentes para eliminarlos o minimizarlos.

El contexto covid para el sedentarismo y las enfermedades musculares y de los huesos

En la frontera entre ambos programas de promoción de la salud se encuentran los problemas derivados de la actual situación al covid-19. El coronavirus ha traído consigo un progresivo aumento de los trabajos sedentarios. Por ello, hay que conjugar acciones desde la perspectiva tanto de salud pública como de salud laboral.

Los dos tipos de programas se centran en prevenir la inactividad física y el sedentarismo. Ambos son factores de riesgo independientes en lo relativo a la producción de enfermedades crónicas en la población y en evitar la fragilidad osteomuscular.

La diferencia principal entre ellos es que los primeros buscan incorporar cualquier forma de actividad física beneficiosa para la salud y la capacidad funcional en el día a día de las personas. Mientras, los segundos planifican y establecen rutinas de ejercicio con el objetivo de adquirir o mejorar las capacidades físicas básicas de las personas, como la fuerza, flexibilidad, resistencia o la velocidad para facilitar el desempeño del trabajo y prevenir daños.

Medidas de prevención para luchar contra los efectos del sedentarismo durante el teletrabajo

El sedentarismo favorece la aparición de enfermedades musculares y de los huesos. A continuación, os recomendamos algunas medidas para prevenir el sedentarismo en la empresa o en casa, si se está teletrabajando:

  • Reducir el número y la duración de los períodos sentados: aumentar el número de pausas durante el desempeño del trabajo y promover cambios posturales. Durante las pausas, pueden incorporarse ejercicios de corta duración, como los explicados anteriormente, o, al menos, pasar de posición sentado a de pie, parado o andando. Existen aplicaciones para ordenador que pueden programarse y que sirven de alarma o recordatorio de que hay que hacer una pausa. O, incluso, que nos guían a través de una tabla de ejercicios a realizar durante la pausa.
  • Modificar el espacio individual de trabajo, aplicando medidas ergonómicas y organizativas. En este caso, no se trata de cambiar de silla o la disposición de los elementos del lugar de trabajo para permitir una postura idónea, sino de proveer de un puesto de trabajo que permita pasar de la postura sentada a la postura de pie sin interrumpir el trabajo que se está realizando. O combinar tareas de pie y sentado. Algunas soluciones son:
    • utilizar sillas pivotantes con un buen reposapiés.
    • superficies de trabajo ajustables.
    • mobiliario auxiliar que permita cambiar las alturas de los equipos utilizados y adaptarlos a las posturas sedente y en bipedestación.
  • Modificar el entorno de trabajo, más allá del individual. En la era pre-covid-19, se abogaba por evitar el modelo de despacho o espacio fijo y delimitado para cada trabajador para promover una oficina más abierta, sin lugares fijos asignados, o lugares diferentes para el desarrollo de diferentes funciones o tareas. Pero, actualmente, esta medida debe reformularse para poder cumplir con las recomendaciones de la autoridad sanitaria para prevenir la transmisión del SARS-CoV-2 en la empresa.

La necesidad de un exhaustivo análisis de los trastornos musculoesqueléticos para prevenir enfermedades musculares y de huesos

Actualmente, las fuentes de información que registran de forma sistemática y continua la contingencia profesional relativa a TME, tanto la estadística de accidentes de trabajo como de enfermedades profesionales, permiten identificar a aquellos colectivos más vulnerables, con mayor riesgo; y trazar, con aceptable precisión, los posibles mecanismos involucrados en el origen de estas lesiones.

Un análisis estadístico y epidemiológico más profundo evidencia que las diferencias entre una y otra contingencia, en ocasiones, se hacen sutiles. En USO, creemos que debe analizarse cada caso concreto, por la diferente protección que el sistema de Seguridad Social establece a cada uno.

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