Este 8M: desigual reparto del tiempo de trabajo remunerado y de los cuidados

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Desde LSB-USO Euskadi queremos este 8 de marzo de 2022 dar relevancia a la división sexual del trabajo y la organización del ámbito familiar−privado, son las dos estructuras básicas centrales en las desigualdades de género. Tenemos claro que sin corresponsabilidad no habrá igualdad, así que, todos y todas tenemos mucha labor. Para nuestro sindicato la clave está en la negociación colectiva con perspectiva de genero y en la inversión de gasto público en servicios de apoyo a la atención de descendientes y al cuidado de las personas dependientes.

No podemos negar que existen en el mercado trabajos considerados “propios de las mujeres”, que son proyecciones a escala de la sociedad de los roles que les son asignados a las mujeres en el hogar y que se concentran en el sector servicios.

Julia Díez como responsable de la Secretaría de Igualdad y Acción Social de LSB-USO añade que “El trabajo en cuidados hemos visto lo esencial que es. Por un lado el no remunerado debemos repartirlo para alcanzar la igualdad, y para ello nos debemos implicar todos/as . Por otro lado, el trabajo remunerado, en estos sectores está muy feminizado, y es crucial la negociación colectiva con perspectiva de género. “ Para ello estamos las organizaciones sindicales y este 8 de marzo hacemos un llamamiento a la población en general para motivar a hombres y mujeres a participar en la acción sindical.

El primer paso es sencillo: afíliate al sindicato.

Siendo muchos en el sindicato, tendremos mas fuerza para garantizar:

-Salarios justos y equitativos
-Condiciones de trabajo dignas
-Lugares de trabajo seguros
-Equilibrio entre vida laboral y personal
-Promociones laborales más justas
-Pensiones decentes

Los sectores feminizados están lastrados por una incorporación más tardía de la mujer a la esfera pública, también a la sindical. Pero también por contemplar esas necesidades tradicionales de la mujer: permisos para cuidados, conciliación familiar… que no figuran en convenios de sectores tradicionalmente masculinos, que sí llevan incentivos a la mayor disponibilidad y responsabilidad. La corresponsabilidad debe dar el salto también a la esfera laboral.

Si bien hoy en día la mayoría de las mujeres no abandonan definitivamente el mercado laboral cuando son madres, lo que sí sucede, en muchos casos, es que su empleo adopta formas más precarias, por ejemplo, cuando deciden reducir la jornada laboral o cambiar a un trabajo a tiempo parcial que les permitirá compaginarlo con el cuidado de las hijas o hijos o de otras personas que se encuentran en una situación de dependencia.

En el mercado de trabajo siguen persistiendo los estereotipos de género y la segregación por sexos que se mantiene, principalmente de dos formas: la segregación horizontal y la segregación vertical. Ambos tipos de segregación ocupacional tienen que ver, en buena medida, con la brecha salarial que existe entre las mujeres y los hombres.

Según ONU , existen diferentes factores que explican las diferencias de salario entre mujeres y hombres:

  • El porcentaje de mujeres que trabajan a tiempo parcial es mayor que el de los hombres y es por esta razón que las mujeres ingresan menos dinero que los hombres, por las mismas horas trabajadas, las mujeres cobran menos dinero que los hombres, al estar estos trabajos peor retribuidos.
  • Las mujeres están más presentes en sectores y empleos peor remunerados.
  • Las mujeres realizan trabajos por cuenta ajena que están asociados a los trabajos de cuidados y por esa razón, las mujeres ingresan menos dinero de los hombres, al realizar trabajos socialmente menos valorados.
  • Las mujeres sufren discriminación en el mercado laboral, por ello, las mujeres negocian menos su salario y aceptan con más facilidad lo que se les ofrece y tienen menos propensión a cambiar de trabajo por razones salariales.

Esta modalidad de trabajo, además de consolidar los papeles asignados a mujeres y hombres, les reduce sus posibilidades de ascenso en su carrera profesional, genera mayor inseguridad en el empleo, menor ingresos y menor protección social. Esta doble jornada de las mujeres, que no ha ido acompañada de la necesaria y justa corresponsabilidad por parte de los hombres, ha hecho de los servicios socio-comunitarios de apoyo a la conciliación una pieza fundamental en este complejo puzle que supone la presencia de las mujeres en el ámbito público (mercado laboral, en este caso) y en el ámbito privado (familiar). Por ello, un elemento fundamental para la conciliación de la vida familiar y laboral es la inversión de gasto público en servicios de apoyo a la atención de las niñas y niños y al cuidado de las personas dependientes.

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